Nadie ha tocado el cielo si el miedo es su compañero.

A veces, las cosas suenan mejor en tu cabeza, cosas que al decirlas en voz alta suenan estúpidas, sin sentimientos, pero dentro de ti es muy diferente. Imaginas como será tu entonación, la forma en que lo dirás, en como arrastrarás las vocales y en como sonreirás cuando acabes cada frase. Pero hay cosas que es mejor guardarlas para uno mismo, eso me lo repito cada vez que te veo. Dije lo que pensaba en voz alta y perdimos, salimos perdiendo los dos.
A veces apostamos por algo que no vale la pena, pero en ese momento estamos ciegos, nos ciega una luz que no nos deja ver más que el brillo y nos confunde.
Que te entiendo, que yo también me sentí asustada, pero me bastó una mirada, tu mirada para volver a creer en nosotros. Y yo creía que provocaba el mismo efecto en ti, pero estaba equivocada.
Pensé mil veces si decírtelo o no, lo dije delante del espejo, en el ascensor, lo repetí tantas veces que al final perdió peso para mí y tú te lo creíste demasiado, tanto, como para huir.
Huiste y seguro que no miraste atrás, seguro que ni siquiera te paraste a pensar en lo que dejabas, en lo que ya no volverías a tener, seguro que te entró miedo, terror a lo desconocido y a pesar de todo me alegro, me alegro de que aquella fuera la última frase, las últimas palabras que escucharas salir de mi boca por que aunque fuese la última, estaba completamente segura de cada sílaba que te dije.
Estábamos en silencio los dos, estabas tumbado en mi cama, bañado por la luz que se filtraba entre los agujeros de las persianas que se reflejaban en nuestros cuerpos desnudos convirtiéndonos en dálmatas. La sirena de la ambulancia sonó y agradecí ese sonido, gracias a ella te vi amanecer, en aquel momento estaba segura que ese sería el primero de muchos amaneceres juntos, ni me había parado a pensar en que sería el último. Recorrí el dedo por tu espalda y te giraste lentamente para acercarte a mi cara, me quitaste el flequillo para besarme dulcemente en la frente y en aquel momento me acordé de lo que tenía que decirte, mis manos temblaban, no se si era de frío o quizás temor pero tu me rodeaste con tus brazos y en aquel momento recogí toda la fuerza para decirte...
-Te quiero.

Y es que nadie ha tocado el cielo si el miedo es su compañero.



5 comentarios:

  1. Me encanta Mireille, y me encanta tu voz :)
    Yo tengo un canal abierto para subir más grabaciones creo que este verano empezaré a grabar todo lo que escriba y haré videos, molaría ^^
    Y te digo que estos nuevos relatitos me encantan

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  2. me encanta lo que escribes! :)
    te sigo ahora mismo :)
    un besito!!^^

    http://ittsmariaaggain.blogspot.com/

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  3. Es sencillamente precioso y con tu voz, aún más perfecto :) No sé por qué, pero tienes justo el tipo de voz perfecta, en serio ♥ Genial, genial.

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  4. Respuestas
    1. Gracias :) Hacía mil que no leía este relato!
      besos!

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